
La llamada poesía gauchesca fue una de las primeras formas de literatura popular de Latinoamérica. No fue exactamente poesía de gauchos, sino más bien poesía “como los gauchos”. La particular forma de recitar junto a sus guitarras que tenían estos personales tan representativos del campo argentino (y uruguayo y del sur de Brasil) inspiró a muchos escritores de la época que vieron en ella la verdadera poesía.
Escritores cultos hablando como las clases populares, de eso se trató la primera poesía gauchesca. De historias de campo, de batallas independentistas y de una vida errante apenas acompañada por el caballo. Historias que estaban allí, en cualquier reunión de casa de campo, donde los trabajadores entonaban sus coplas junto a un fogón. Poesía que distintos escritores llevaron al papel, copiando incluso el habla imprecisa de aquellos poetas populares.

Como el canto de juglares que alguna vez fuera el Cantar del Mio Cid, libro fundamental de la literatura hispana, los escritores de la época buscaron capturar ese legado oral de las clases populares de fines del siglo XVIII. El primer registro regional es de un uruguayo, Bartolomé Hidalgo, con sus Coplas y Diálogos Patrióticos. Pero sin duda, el libro más representativo de este estilo es El Gaucho Martín Fierro, de José Hernández, verdadera joya de la literatura argentina.
El éxito del Martín Fierro, llevó a su autor a generar una igualmente exitosa segunda parte La Vuelta del Gaucho Martín Fierro, y ambas conforman uno de los libros fundamentales de nuestra literatura. Quién se interese por las letras, o quiera llevarse un pedacito de nuestra cultura para conocer más, debe conseguir esta joya (traducida a más de 40 idiomas) que retrata al símbolo máximo de la argentinidad: el gaucho.
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