
Pocas figuras han influido tanto sobre el espacio urbano de nuestra ciudad como la del francés Carlos Thays. Este paisajista francés fue el encargado de diseñar gran parte de los parques y espacios verdes de Buenos Aires, entre fines del siglo XIX y principios del XX. A él se deben grandes obras como el Jardín Botánico, los parques de Palermo, el Parque Centenario y el plan de forestación urbana.
Su primer trabajo en nuestro país fue, sin embargo, en la provincia de Córdoba: el majestuoso Parque Sarmiento en la capital provincial. Dos años más tarde, en 1891, es designado Director de Parques y Paseos de nuestra ciudad durante el gobierno de Carlos Pellegrini. Allí comenzaría lo más significativo de su trabajo. Por esos años, la aristocracia porteña admiraba la arquitectura y paisajismo francés y proyectaba convertir a Buenos Aires en una pequeña Paris.

La primera gran obra del hombre de los parques fue el Jardín Botánico, inspirado en la Belle Époque. Más tarde se sumarían grandes parques que creó o remodeló como los Bosques de Palermo y los parques que se continúan por la Avenida Del Libertador, el Parque Lezama de La Boca, el Parque Centenario (construido en 1910 con motivo del Centenario de la Argentina), el Parque Rivadavia de Caballito, el Parque Patricios en Pompeya, las Barrancas de Belgrano, las Plazas del Congreso y la Plaza de Mayo.
Junto con esto, fue el encargado de elegir los árboles que decorarían las grandes avenidas de la ciudad. Los jacarandás, plátanos de sombra, paraísos, tipas y yuchanes (80% de los árboles que pueden verse en las calles porteñas) se deben al diseño de este francés nacionalizado años más tarde argentino. En cada una de sus obras puede entreverse la premisa que marcaba su trabajo: “la felicidad anida más en la nobleza de un bosque que en el lujo sin verde”.[























